“El comienzo fue una Kodak Instamatic con la que mi padre fotografiaba los viajes familiares y algún que otro paisaje. Esa pequeña cámara despertó en mí el gusto por ver reflejados en papel fotográfico pequeños fragmentos de la realidad en que vivía. Posteriormente, en mi juventud, conseguí comprar mi primera reflex, una Yashica con la que, de forma autodidacta, empecé a entender cómo se podía escribir con la luz. Esa inquietud infantil se convirtió en pasión, y esa pasión me ha acompañado a lo largo de mi vida.
Mi fotografía es heterogénea: me gusta fotografiar tanto la esencia humana en la vida cotidiana de las calles, como capturar la mínima expresión a través de la simplicidad en la imagen.”

