El observador de nubes

Fotografías de Amós García Cruz.

Sala Jairán / CIP Ayuntamiento de Almería desde el 9 de abril.

 

Borges describía a Funes como “el solitario y lúcido espectador de un mundo multiforme, instantáneo y casi intolerablemente preciso”.

El cuento de Borges capta con gran belleza el mundo interior de los niños con autismo, su memoria prodigiosa y la fascinación que sobre ellos ejerce lo visible.

Rafael, al igual que Funes, se refugia en el mundo de la percepción, aquel que nos revela nuestros sentidos, aquel que en apariencia nos basta con abrir los ojos y dejarnos vivir para penetrarlo.


Cartel el observador de nubes

 

La infancia es fantasía, juego y creatividad, pero el autismo restringe la capacidad de desarrollar esto de manera plena y esta etapa discurre para los niños con autismo por un sendero muy diferente.

Sin la capacidad para jugar de manera imaginativa y renunciando al mundo de lo social, Rafael se sumerge en ese otro universo, particular y difícilmente accesible, definido por los sonidos, las texturas, las formas y los detalles.

De igual manera que una persona que mira a una montaña lejana no puede apreciar la belleza del diente de león que tiene delante, fijar la mirada en los granos de arena que tenemos en la mano nos impedirá ver la inmensidad del desierto que nos rodea.

Rafael observa las nubes, puede que sea porque forman parte de la arquitectura íntima de su mundo. Dicen que las nubes son para los soñadores y su contemplación beneficia al alma, quizás sea esa la forma que tiene Rafael de imaginar…. de soñar.