Todo comenzó cuando tenía sobre 9 o 10 años y mi padre me regalo su cámara de fotos Werlisa. Más tarde conseguí una ampliadora, que aún conservo, un tanque de revelado y, leyendo y preguntando mucho, aprendí y disfrute de la fotografía. Más tarde, mis ocupaciones no me dejaban tiempo y sólo hacia fotografías testimoniales de eventos familiares, viajes…

Ahora, en esta etapa de la vida en la que mi tiempo vuelve a ser mío, quise aprender a revelar la fotografía digital, me informé de que en EMMA hacían cursos de fotografía y allí me encaminé y desde entonces cada día voy intentando aprender más y más. No soy un alumno cuidadoso, pues cuando alguna fotografía para mi está terminada y estupenda, siempre me dicen: “hay que darle un par de vueltas más». La verdad, reconozco que no soy nada perfeccionista.

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